El ‘tocomocho’ de la próxima reforma laboral

Opinión

Todo indica que el Gobierno del socialista Rodríguez Zapatero, sindicatos y patronales están a punto de pegarles a los trabajadores españoles el timo del tocomocho con la nueva reforma laboral. En este caso, el falso premio de lotería sería la recuperación del empleo y el precio que el comprador engañado pagaría sería una desregulación aún mayor de las relaciones laborales con un nuevo abaratamiento generalizado de la mano de obra y del despido como principales consecuencias.

El gran objetivo que todos los agentes sociales quieren alcanzar con esta reforma es ganar competitividad en un mercado único europeo que atraiga inversiones y potencie nuestras exportaciones. Y como siempre, se pretende mejorar la competitividad vía rebaja de los costos laborales en lugar de controlando la inflación, que es como lo hacen Alemania, Japón y cualquier economía medianamente seria.

Porque en España se ha perdido competitividad por el diferencial de inflación con los países competidores, no por tener salarios altos ni porque éstos crezcan por encima de la inflación. El salario medio español es un 20% inferior al de la Unión Europea, según un informe de Adecco y la escuela de negocios IESE sobre la evolución del salario en 14 países europeos entre 2003 y 2008. Así, los 21.500 euros brutos al año de España representan casi la mitad de los más de 40.000 euros de Reino Unido, Holanda y Alemania.

El fuerte crecimiento económico registrado desde 1996 se ha sustentado, en el terreno laboral, en varios millones de trabajadores inmigrantes y un sistema de contratación a la carta, hecho a la medida de las empresas, que además sigue permitiendo al empresario sustituir trabajadores fijos caros por temporales baratos.

De lo que realmente se trata es de adaptar el Estatuto de los Trabajadores de 1995 a la sociedad actual, y con él actualizar las reglas de negociación colectiva, regular los nuevos derechos y deberes

Durante las vacas gordas del consumo interno, el turismo y la construcción parecía que a nadie le preocupaba que el mercado laboral español fuera dual, con trabajadores más baratos que otros en la misma empresa (y las Administraciones públicas son las primeras que han abusado del encadenamiento de contratos temporales).

Pero con la recesión, sólo en 2009 perdieron su empleo 1,2 millones de personas en España y más de la mitad de ellas (668.000) tenían contrato temporal, según la última Encuesta de Población Activa. El año pasado terminó con una tasa de temporalidad del 25% pero se ha llegado a superar el 30%.

De nada ha servido que durante el último año el diferencial de inflación con la Eurozona fuera negativo para España, lo que debería haber mejorado la competitividad, porque la economía europea está bajo mínimos, las empresas no tienen acceso al crédito, hay más de cuatro millones de parados que no pueden gastar y el Gobierno no sabe cambiar un modelo basado en la construcción por otro distinto.

Este escenario conlleva una merma considerable de los ingresos públicos y un aumento extraordinario de los gastos sociales, ante lo que Rodríguez Zapatero ha reaccionado anunciando la Ley de Economía Sostenible y una reforma del sistema de pensiones y del mercado laboral. De las dos primeras iniciativas sólo hay malestar social por las medidas anti descargas en Internet y la pretensión de prolongar la edad de jubilación a los 67 años, entre otros aspectos.

En cuanto a la reforma laboral, el Gobierno va a replantearse qué hacer con los 3.000 millones anuales que se destinan a bonificaciones de la contratación y quiere hacer más atractivo para el empresario el contrato indefinido que el temporal, aunque sin poner en cuestión la regulación actual del contrato indefinido, es decir, sin abaratar el despido. Al parecer, Zapatero pretende abaratar la contratación indefinida trasladando los incentivos de una modalidad de contratación a otra.

Como persista la crisis económica, el elevado paro y se dispare la deuda del Estado, la CEOE y el FMI se saldrán con la suya e impondrán su desregulación laboral

En mi opinión, el error de este planteamiento consiste en que no se trata de dar más facilidades a la contratación porque los empresarios ya las tienen todas, de la misma manera que nunca antes desde que llegó la democracia había sido tan fácil y barato despedir en España. No obstante, las patronales no dejarán pasar la oportunidad de arrancar nuevas facilidades de contratación y despido.

De lo que realmente se trata es de adaptar el Estatuto de los Trabajadores de 1995 a la sociedad actual, y con él actualizar las reglas de negociación colectiva, regular los nuevos derechos y deberes nacidos con Internet (privacidad, acción sindical online) y los portales de búsqueda de empleo, crear un sistema nuevo de contratación sencillo y transparente para las partes permanentemente supervisado por la Administración, patronales y sindicatos, etcétera.

La sociedad actual se parece en poco a la de hace 15 años. Entonces Internet acababa de nacer y no se sospechaba lo que iban a cambiar las cosas. Ya no existen los linotipistas de prensa y como ellos muchas categorías laborales recogidas en el Estatuto de los Trabajadores. Hay que cambiar el marco legal para tapar todas las brechas que en estos tres lustros el mercado y el capital, globalizados, han abierto en los derechos que los trabajadores conquistaron a lo largo de décadas de lucha, muerte y guerras.

Pero ni el Gobierno ni los sindicatos -éstos últimos no han rechistado ante la partición del mercado laboral español en dos- han dicho nada de tocar el Estatuto de los Trabajadores. Sólo lo piden los empresarios y los organismos económicos internacionales, pero para empeorarlo. Y como persista la crisis económica, el elevado paro y se dispare la deuda del Estado, la CEOE y el FMI se saldrán con la suya e impondrán su desregulación laboral.

Entonces, muy probablemente lamentaríamos que la reforma laboral de 2010 no era más que un parche, una oportunidad perdida de afrontar la modernización del marco laboral, una estafa como la del tocomocho a una nación con más de cuatro millones de desempleados dispuesta a agarrarse a un clavo ardiendo con tal de recuperar la prosperidad económica y el empleo.

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3 comentarios en “El ‘tocomocho’ de la próxima reforma laboral

  1. Desgraciadamente, la reforma laboral que quieren imponer no aborda la eliminación de los contratos temporales actuales, auténtico caballo de Troya porque son los que están forzando el abaratamiento del despido y han elevado el desempleo más rápidamente que en el resto de Europa. Los empresarios, además, creen que el Gobierno no tiene margen de maniobra por la deuda pública y quieren ampliar las causas de despido procedente, erosionar la negociación colectiva y hasta quitar la tutela judicial a las relaciones laborales. En una palabra, ser los putos amos, y nunca mejor dicho.

  2. No entiendo que vaya a contribuir a crear empleo el abaratar mas los sueldos,ya estan por los suelos y
    por eso no consumimos,trabajando los dos solo llega
    para hipoteca,comer luz agua tno etc.
    Que se piensan que vamos a hacerles la competencia alos chinos,lo tienen claro,el problema es que en españa hay especuladores
    no empresarios,donde estan las empresas de
    tecnologia,investigacion diseño, marca etc no
    esto es muy complicado para los empresarios españoles,ellos ladrillos y turismo, hala trabajos
    precarios y mal pagados, un saludo

  3. la verdad , es que es una verguenza tener un gobierno asi, no es sufciente con destruir los empleos y dejarnos una limosna de 426 euros, que encima nos tenemos que jubilar a los 67 años, como sigan así nos no jubilamos en la vida

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