Así se cargaron el periodismo

Aznar y el entonces ministro del Interior, Ángel Acebes, al día siguiente de los atentados del 11-M (Foto: Reuters)

Tras las acertadas manifestaciones de David Simon y Javier Pérez de Albéniz acerca de la transformación de los medios de comunicación en empresas poco o nada periodísticas, ahora me toca a mi aportar la experiencia de más de 15 años como redactor en una pequeña agencia de noticias de Madrid.

Cuando ingresé, en 1991, la plantilla rondaba la veintena, incluidos un puñado de corresponsales en otras ciudades españolas, y la norma era destacar con un tratamiento informativo diferente y fuentes propias. La producción media por periodista era de cuatro o cinco noticias diarias, lo que arrojaba cerca de un centenar de informaciones por jornada. Con esa sencilla fórmula conseguimos relevancia y suscriptores en los primeros años.

Cuando España entró en el euro (2002) la economía llevaba varios años de crecimiento y la plantilla de la agencia se había doblado, pero el nuevo personal se dedicaba a tareas de “comunicación”: relaciones públicas, boletines de empresas, webs temáticas patrocinadas por entidades financieras u operadoras de telecomunicaciones… Los corresponsales, mientras tanto, fueron suprimidos y la empresa se propuso imponer una doble escala salarial con retribuciones menores para los redactores recién llegados. El comité de empresa la impugnó durante años, dejando varios despidos y forzadas readmisiones por el camino.

Pero aunque la plantilla seguía aumentando y se grababan desayunos con personalidades de la política y la economía, la producción informativa disminuía en calidad: comenzó a medirse el número de noticias que escribía cada periodista, lo que nos presionó para utilizar más comunicados de prensa y menos información propia. Quienes nos mantuvimos fieles a la calidad informativa llegamos a ser acusados de bajo rendimiento.

Doy fe de la consigna recibida de publicar únicamente la versión del Ministerio del Interior (y no la de la Cadena Ser) cuando todo indicaba que habían sido terroristas relacionados con Al Qaeda

Javier Pérez de Albéniz cita el 11-M de 2004 (el atentado de islamistas en los trenes de cercanías de Madrid que causó dos centenares de muertos y que el Gobierno de José María Aznar pretendió atribuir a ETA por interés electoral). Doy fe de la consigna recibida de publicar únicamente la versión del Ministerio del Interior (y no la de la Cadena Ser) cuando todo indicaba que habían sido terroristas relacionados con Al Qaeda.

La agencia continuó con su estrategia “multimedia” y llegó al centenar de empleados en 2007, pero la mayoría hacían labores de edición de publicaciones a la carta, productos de marketing y relaciones públicas, mientras que las noticias seguían saliendo de una minoría de la redacción, siempre presionada a sacrificar la calidad en beneficio de la cantidad. Parte de esa minoría acabamos desfilando por la puerta en busca de mejores proyectos periodísticos, hastiados en unos casos y forzados por la dirección en otros.

La empresa consiguió, asimismo, rebajar en términos generales los sueldos y las prestaciones del convenio colectivo, a la par que abusaba de la contratación temporal y mantenía conciertos con facultades de periodismo para proporcionar prácticas a los alumnos. Es posible que la agencia llegara a ser más rentable que en los años 90, pero dudo que más relevante mediática e informativamente.

Pese a todo, mi paso por la agencia de noticias me dio muchas satisfacciones, por lo que aprendí, las noticias que tuve la oportunidad de ser el primero en dar y por mis magníficos compañeros, pero siempre recordaré con orgullo la frase que me dedicó una funcionaria de un ministerio cuando me presentó a otra persona: “Anselmo Lucio, un periodista de verdad”.

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2 comentarios en “Así se cargaron el periodismo

  1. Una historia triste y, lo que es peor, habitual. Ocurrió en las agencias y ocurrió en los periódicos, invadidos por relaciones públicas, consejeros delegados, gerentes y otros gerifaltes que solo miran a la parte económica. Los periodistas mientras tanto han ido quedando relegados a puestos de segunda o tercera.

    Habría que hacer un estudio de las manchetas de la prensa. Hace años las encabezaba el editor y justo debajo aparecía el director. Hoy, entre esos dos personajes han aparecido gerentes, consejeros delegados y demás. El director, el primero de los periodistas, es ahora el tercer, cuarto o incluso quinto en la cadena de poder. Así pasó lo que pasó.

    Un saludo.

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