Porqué Alemania, y no el gasto público, es el mayor problema del euro

La disparidades de riesgo entre la deuda pública de los diferentes estados de la eurozona sólo benefician a Alemania (Gráfico: expansion.com)

Los países del sur de Europa están pagando estos últimos años de crisis económica un pecado original del euro: haber sido diseñado a la medida de los intereses de la Alemania de principios del siglo XXI, como explica Manuel Sanchis i Marco, profesor de Economía Aplicada de la Universitat de València, en su artículo ‘Alemania, el euro no es gratis’, publicado ayer en El País.

No es cierto que estos estados del sur e Irlanda sean unos derrochadores, argumenta Sanchis, sino que al implantarse la moneda común, “lo que para Alemania era una política necesaria para superar el estancamiento fue un regalo envenenado para los periféricos que, al sufrir ese exceso de laxitud monetaria, se atragantaron de liquidez”.

“¿No habrían incurrido en las mismas deudas y cometido los mismos excesos los alemanes si hubiesen vivido en el mismo contexto de superabundancia de liquidez?”

“¿No habrían incurrido en las mismas deudas y cometido los mismos excesos los alemanes si hubiesen vivido en el mismo contexto de superabundancia de liquidez? ¿Qué parte de responsabilidad cabe atribuir al diseño de una política monetaria de talla única que se acopla principalmente a Alemania?”, se pregunta este economista español  y profesor invitado de la Universidad de Maastricht.

En época de recesión (no olvidemos que se debe a una crisis financiera internacional que tuvo su origen en Estados Unidos y se extendió a Europa como consecuencia de una desregulación bancaria y que explotó en 2007 con las hipotecas subprime o activos tóxicos del mercado inmobiliario) el gasto público tiene que aumentar por pura lógica al activarse los mecanismos reguladores anticíclicos de nuestra economía: por un lado disminuyen los ingresos públicos al decaer la actividad económica y el consumo y, por otro, crecen las prestaciones por desempleo y de asistencia social, y aún más si se abarata el despido, como han hecho Zapatero y Rajoy, trasladando a la Seguridad Social costes que antes asumían los empresarios.

El problema surge cuando hay que tomar medidas políticas y económicas frente a la crisis en una zona euro literalmente dominada por Alemania desde el mismo nacimiento de la moneda única y cuando las decisiones que beneficiarían a los países periféricos perjudican a la economía germana y viceversa. Es obvio que debería haber un punto de equilibrio, pero todavía los políticos no han sido capaces de encontrarlo. Y mientras tanto, el euro amenaza con perder socios, como Grecia, e incluso con desaparecer, ante el estupor de los inversores norteamericanos, chinos y de los países del golfo Pérsico, entre otros.

“A menos que se cambie de rumbo, los países que cumplen los mandatos de Europa en condiciones adversas están abocados a dejar la moneda común. Pero los costes de los ‘nein’ de Merkel serán enormes para su país”

La solución a la crisis del euro, como señala Sanchis, es política. Él lo explica tan bien que paso a transcribir, letra a letra, su artículo. Yo sólo he resaltado con negritas aquellas palabras o frases que me parecen más relevantes.

Manuel Sanchis i Marco (Texto original: ‘Alemania, el euro no es gratis’, 4 de Septiembre 2012, La Cuarta Página-El País) escribe:

La crisis del euro es política; su solución también. Desde su lanzamiento en 2002 quedó suprimido el coste de transacción entre monedas y la incertidumbre sobre las variaciones cambiarias, lo que aumentó la eficiencia económica y estimuló la integración económica y el crecimiento de los países miembros. Sin embargo, no todos han salido beneficiados en igual medida. Quien más ha aprovechado la ampliación del tamaño de la antigua zona marco ha sido Alemania, porque las ganancias de utilizar el euro como medio de pago y disfrutar del privilegio de usarlo como segunda moneda de reserva internacional son directamente proporcionales al tamaño del área económica que lo usa.

Además, el peso atribuido a Alemania, a justo título, sobre la gestión de la política monetaria se ha traducido en una política monetaria europea de talla única hecha a su medida, tanto en el exterior (tipo de cambio) como en el interior (creación de dinero). En el ámbito exterior, Alemania se ha beneficiado de la ausencia de devaluaciones del resto de países, antes utilizadas de forma recurrente para recuperar competitividad. En el ámbito interior, que el BCE accediese a sus deseos de relajación monetaria cuando su economía estancada pedía árnica (2000-2003), le permitió gestionar con holgura financiera las reformas del mercado de trabajo y de pensiones. En el terreno fiscal, aquella parálisis económica hizo engrosar sus cifras de déficit, pero la violación de los compromisos fiscales fue vista con benevolencia por los demás países que, complacientes, esperaban ser tratados de igual modo cuando, en el futuro, tuviesen necesidad de oxígeno para estimular sus economías.

“Lo que para Alemania era una política necesaria para superar el estancamiento fue un regalo envenenado para los periféricos que, al sufrir ese exceso de laxitud monetaria, se atragantaron de liquidez”

Sin embargo, lo que para Alemania era una política necesaria para superar el estancamiento fue un regalo envenenado para los periféricos que, al sufrir ese exceso de laxitud monetaria, se atragantaron de liquidez. Ante un contexto financiero laxo, las empresas españolas concedieron aumentos de costes laborales superiores a la productividad y tomaron decisiones de inversión en sectores equivocados. Las expectativas de beneficios en España estimulaba la entrada de capitales y la expansión española fue aprovechada por las empresas alemanas para aumentar sus exportaciones, y por los bancos alemanes para que el ahorro alemán, canalizado hacia España, financiase aquellas inversiones equivocadas.

La canciller de Alemania, Angela Merkel (Foto: Esta Voz)

Pero ¿es sólo “culpa” (Schuld) de los periféricos haber gastado y derrochado en tales condiciones de laxitud monetaria extrema? ¿No habrían incurrido en las mismas “deudas” y cometido los mismos excesos los alemanes si hubiesen vivido en el mismo contexto de superabundancia de liquidez? ¿Qué parte de responsabilidad cabe atribuir al diseño de una política monetaria de talla única que se acopla principalmente a Alemania? Cuando ese embalsamiento de liquidez se ha transformado en deuda (Schuld) privada, y se han sembrado dudas sobre sus posibilidades de devolución, los países periféricos se han visto obligados a desandar lo andado. Han aplicado reformas estructurales en un contexto de recesión, huida de capitales e inversiones y con una prima de riesgo en niveles insostenibles para cualquier economía por muy robusta que sea, incluida la alemana.

Esta doble vara de medir que aplica el BCE o el Pacto de Estabilidad es injusta y crea la falsa apariencia de que los comportamientos divergentes entre unos países más virtuosos y otros menos son el resultado de la idiosincrasia propia de dichos países y no del contexto en el que se ven obligados a gestionar sus políticas macro

Hasta ahora Alemania sólo ha recogido los beneficios de permanecer en el euro, escapando a los costes de su mala gestión. La racionalidad dañina del euro ha creado las condiciones para que la política monetaria del BCE haga prosperar el despilfarro en aquellos países a los que inunda de liquidez. Atender las necesidades del centro ha condenado a la periferia. ¿Se comportó Alemania de forma diferente en un contexto económico-financiero similar como el de la reunificación? ¿Ha olvidado Alemania que la unión monetaria de 1990 le provocó enormes déficits fiscales así como la posterior crisis del SME? Esta doble vara de medir que aplica la arquitectura institucional europea, ya sea a través del BCE o del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, es injusta y crea la falsa apariencia de que los comportamientos divergentes entre unos países más virtuosos y otros menos son el resultado de la idiosincrasia propia de dichos países y no del contexto en el que se ven obligados a gestionar sus políticas macro.

Alemania debe comprender que ningún país sale indemne en una eurozona en crisis, pues no existe un almuerzo gratis en economía; tampoco para Alemania. Tarde o temprano, la economía alemana deberá encontrar una solución de compromiso entre alternativas excluyentes en un universo finito, pero todas ellas contienen un coste que Alemania no puede eludir. Una primera consistiría en una expansión salarial, en movilizar su exceso de ahorro aumentando sus costes laborales (salarios y cargas sociales). Mientras que un aumento salarial expandiría su demanda doméstica, y parte de ese gasto se filtraría hacia importaciones de la eurozona facilitando su crecimiento, el aumento de cargas sociales robustecería la generosidad del sistema alemán de protección social. A diferencia de una expansión fiscal, propuesta hace un año por Martin Wolf, esta expansión salarial no penalizaría al contribuyente alemán, aunque sí a las empresas exportadoras que tendrían que elegir entre aumentar precios y perder competitividad o comprimir el margen de beneficios (ahora exorbitantes, algo que las autoridades alemanas no suelen subrayar) y mantenerla. Con más inflación se reduciría el superávit exterior y se estimularía el crecimiento, lo que aliviaría a los periféricos en el pago de su deuda, y alejaría el fantasma del impago de deuda a los bancos alemanes que la mantienen como activos en sus balances.

“Condenar a la indigencia a países que se están ajustando y fiarlo todo al lentísimo proceso institucional que repare los defectos de fábrica del euro tampoco le sale gratis a Alemania”

Si no se elige este camino ni la emisión de eurobonos mientras viva la canciller Merkel (“solange ich lebe”) nos queda la opción de compra de deuda pública en el secundario por parte del BCE y/o del FEEF/MEDE para que los periféricos no vean cerrado su acceso a los mercados financieros. Si los eurobonos mutualizan los riesgos, la compra de deuda es inflacionista, lo que explica la negativa alemana y del BCE. Pero condenar a la indigencia a países que se están ajustando y fiarlo todo al lentísimo proceso institucional que repare los defectos de fábrica del euro tampoco sale gratis. La razón reside en que tanto los recortes, que se están manifestando contraproducentes, como las dudas que genera la reforma institucional erosionarán la calidad de la deuda alemana y, a medio plazo, acabarán socavando la capacidad y el coste de financiación de Alemania.

A menos que se cambie de rumbo, estarán abocados a la salida de la eurozona aquellos países que están cumpliendo con mandatos institucionales en condiciones adversas, lo que dejaría la eurozona reducida a una zona marco. Si esto es lo que busca Alemania, está claro que para tal viaje no hacían falta alforjas, pero el coste que Alemania sufrirá en términos económicos y de responsabilidad histórica y política será enorme. Tanto EE UU como China tienen sumo interés en la normalización de la eurozona. Pero sería triste constatar como europeos que solo una eventual explosión de la burbuja inmobiliaria en China, que afectase a las exportaciones alemanas y provocase una recesión en Alemania, podría hacer tomar un rumbo más europeísta a la canciller Merkel. Las presiones sobre la prima de riesgo van a seguir hasta que Alemania decida qué camino tomar pero, sea cual sea, su decisión tendrá un coste. Alemania debe buscar una salida europea a la crisis de la eurozona que salvaguarde sus intereses tanto como los del euro, pero no puede aspirar a tenerlo todo: “le beurre et l’argent du beurre”.

Este verano Alemania ha comenzado a recibir avisos por parte de los mercados financieros de que la actual situación del euro le acabará dañando. En Julio, Moody´s puso en perspectiva negativa la calificación de la deuda soberana germana después de que en Junio rebajara un escalón (a ‘A3′) la nota del Commerzbank y otros siete bancos alemanes por los riesgos procedentes de los países europeos inmersos en la crisis de la deuda. Además, en Julio la agencia de calificación puso en perspectiva negativa a 17 grupos bancarios germanos.

Y hoy mismo Alemania ha contemplado cómo los inversores han dejado sin cubrir en su totalidad una emisión de 5.000 millones de euros en bonos a diez años por el históricamente bajo interés de partida, el 1,5%. Sólo ha colocado 3.930 millones a un interés del 1,42%, mientras que los bonos italianos y españoles han superado en las últimas emisiones el 7%. Según el diario germano Bild, el Tesoro alemán se habría ahorrado 60.000 millones en la financiación de su deuda por los bajos tipos desde finales de 2010.

Fuentes: El País
Gráfico: Expansion.com
Foto: Esta Voz

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Acerca de Anselmo Lucio

Soy un periodista convencido de que internet es el mayor espacio de conocimiento y libertad que haya existido nunca, una fabulosa oportunidad de las redes digitales que tengo la intención de aprovechar al máximo.

  1. ‘Buenos días, señora Merkel’, por Emilio Ontiveros. “España ha hecho siempre lo que Alemania ha dictado”.
    http://elpais.com/elpais/2012/09/05/opinion/1346855331_461021.html

  2. Paul Krugman: “Si Alemania realmente quiere salvar el euro, debería permitir que el Banco Central Europeo haga lo que sea necesario para rescatar a los países deudores. Y debería hacerlo sin exigir más sufrimiento inútil”.
    http://economia.elpais.com/economia/2012/09/28/actualidad/1348856512_725701.html

  3. José Luis Leal: “Lo que los aliados impusieron a Alemania en 1919 se parece a lo que ahora Alemania impone a los países en dificultades”.
    http://economia.elpais.com/economia/2012/11/02/actualidad/1351851633_424460.html

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