Indefensos ante el negocio editorial del morbo

Ruper Murdoch se vio obligado a cerrar News of the World en Julio de 2011 (Foto: Washington Post)
Ruper Murdoch se vio obligado a cerrar The News of the World por los escándalos de las escuchas telefónicas (Foto: The Washington Post)

Disfrutar de libertad de prensa no significa siempre disfrutar de periodismo porque a veces los medios se apartan de los principios de veracidad y búsqueda del interés público para dedicarse exclusivamente a ganar dinero y/o a servir intereses particulares. Esto es lo que ocurre con el periodismo sensacionalista, la denominada prensa amarilla, cuyo mayor exponente son los tabloides ingleses; aunque sin restar méritos a una parte de la prensa española, como La Razón (recuerda alguna de sus torpes fotos trucadas de portada) o El Mundo (que se saca de la manga un ‘informe fantasma’ policial días antes de las elecciones catalanas que la Policía, tras las votaciones, niega haber realizado).

Como esta prensa explotadora del morbo colectivo (crímenes, líos de faldas, chismes y rumores varios) ha sido muy útil a los poderes económicos y políticos para presionar e intoxicar a la audiencia, con el consiguiente beneficio para los editores en forma de favores y publicidad institucional, los poderes democráticos nunca han considerado oportuno crear una ley que defendiese a los ciudadanos de posibles abusos de los medios en el ejercicio de su libertad. Siempre se ha defendido que “la mejor Ley de Prensa es la que no existe” y es verdad, porque cuando se han promulgado leyes sobre la prensa casi siempre han sido instrumentos de censura al servicio de regímenes dictatoriales.

A diferencia de España, en Gran Bretaña la televisión y la radio están supervisadas por un organismo independiente llamado Ofcom

Sin embargo, durante los últimos 20 años los editores de periódicos sensacionalistas del Reino Unido se han lucrado contando truculentas historias con la complicidad del Gobierno y la policía de turno, a cambio de echar un capote al partido en el poder o a sus dirigentes cuando la situación lo requería, aunque fuera con juego sucio.

Con los periódicos sensacionalistas de Rupert Murdoch ese sistema funcionaba a las mil maravillas hasta que un día comenzó a saberse la verdad y otros periódicos, como The Guardian, comenzaron a hacerse eco de las denuncias sobre algunas de las más trágicas víctimas. Así se supo que periodistas de The News of the World, del grupo de Murdoch, habían sobornado a policías para intervenir teléfonos móviles de famosos y enterarse de su vida íntima con todo lujo de detalles, exclusivas que luego iban publicando en tiradas de centenares de miles de ejemplares.

Aunque lo parezca, esto no es periodismo sino entretenimiento, prensa del corazón o, simplemente, hacer negocio con los bajos instintos de la gente. Se hace mucho en la prensa y aún es más espectacular en la televisión. Pero a diferencia de España, donde prensa, radio, televisión e internet se rigen por la legislación ordinaria, en Gran Bretaña la televisión y la radio están supervisadas por un organismo independiente llamado Ofcom.

La investigación del juez Brian Leveson propone una mayor regulación de la prensa en el Reino Unido (Imagen: The Guardian)
El ‘informe Leveson’ propone una supervisión de la prensa (Imagen: The Guardian)

En Julio de 2011, tras el escándalo de las escuchas de The News of the World que obligó al propio Murdoch a cerrar el tabloide, el primer ministro David Cameron decidió encargar una investigación al juez Brian Leveson con el objetivo de que los medios no volvieran a caer en esas malas prácticas y abusos contra la intimidad y otros derechos de personas, no solamente inocentes sino que además, en muchos casos, también víctimas de delitos.

Podría pensarse que quien se pueda sentir ofendido por una calumnia o una injuria publicada en la prensa siempre tiene la posibilidad de demandar al autor de las infamias ante los tribunales ordinarios, como sucede en España. Pero lo que sucede en realidad es que hay que tener cierta cultura y dinero para enfrentarse judicialmente a los formidables bufetes de abogados que los periódicos tienen a su servicio, y aún es más difícil en el caso de familiares de víctimas de horrendos crímenes, para quienes un proceso así es extraordinariamente doloroso. Por esas y otras múltiples razones, en muchos casos los difamadores o vulneradores de la dignidad ajena se van de rositas, como ha puesto de manifiesto el informe del juez británico.

Dieciséis meses después, Leveson hizo público un informe en el que recomienda que la prensa refuerce su sistema de autorregulación con medio centenar de nuevas medidas, así como que se instaure un marco legal que contemple un organismo supervisor y un sistema de arbitraje voluntario, sencillo y de bajo coste para el demandante, con multas de hasta 1,6 millones de libras para los editores en caso de resultar condenados.

Los editores ya han dicho que todo lo que sea mejorar la autorregulación será bienvenido, incluidas fórmulas de arbitraje, pero no quieren ni oír hablar de leyes de prensa o similares. Argumentan que sería como dar la razón a las dictaduras que utilizan la reglamentación para prohibir publicaciones incómodas, censurar y domesticar a los medios.

“Una prensa libre no significa una prensa libre de intimidar a personas inocentes o de abusar de familias en duelo”

En principio, la Cámara de los Comunes tratará el informe Leveson en Enero de 2013. Cameron y los editores no quieren una ley, mientras que el viceprimer ministro, el liberal Nick Clegg, y los laboristas apoyan el marco legal propuesto por el juez para la autorregulación del sector, de modo que se garanticen los derechos de los ciudadanos de forma efectiva si llegan a ser víctimas de la prensa sensacionalista.

Veremos qué pasa, pero yo suscribo la frase de Clegg: “Una prensa libre no significa una prensa libre de intimidar a personas inocentes o de abusar de familias en duelo”. Eso no se puede tolerar, ni en Gran Bretaña ni en España.

Post data.- La última víctima de abusos de los medios ha sido una enfermera que trabajaba en el Hospital Rey Eduardo VII de Londres, donde estuvo internada Kate Middleton, la duquesa de Cambridge, por unas fuertes náuseas como consecuencia de su embarazo. La trabajadora, llamada Jacintha Saldanha y madre de dos hijos, fue objeto de una broma pesada por parte de una radio australiana, 2Day FM.

A las 5:30 horas del pasado martes 4 estaba atendiendo la centralita del centro sanitario cuando recibió una llamada, supuestamente de la reina Isabel II, que deseaba hablar con su nieta Kate. Jacintha pasó la llamada a otra enfermera que estaba en la habitación de la duquesa. Ambas creían que estaban hablando con la reina, pero en realidad era una locutora australiana que les estaba gastando la típica broma radiofónica. En la mañana del viernes 7 Jacintha apareció muerta en su domicilio, se había suicidado.

La emisora se apresuró a pedir disculpas, el hospital no reparó en alabanzas sobre el trabajo de la enfermera, los duques de Cambridge manifestaron estar “profundamente entristecidos” por la noticia, los oyentes llenaron la página de 2Day FM de comentarios indignados y peticiones de despido de los periodistas, y los anunciantes del programa radiofónico retiraron la publicidad. Pero para Jacintha Saldanha ya era demasiado tarde.

Foto: The Washington Post
Imagen: The Guardian

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