Elogio de la ternera alemana

Filete de ternera alemana comprada en un centro comercial de la Comunidad de Madrid (Foto: A. Lucio)
Filete de ternera germana comprada en un centro comercial de la Comunidad de Madrid (Foto: A. Lucio)

La carne de ternera siempre ha sido parte de mi dieta; es natural si has vivido en el norte de España y cuando después terminas asentándote en otro lugar continúas consumiendo vacuno, aunque la ternera que normalmente se puede encontrar en Madrid no tiene nada que ver con la del País Vasco o Cantabria, que es a la que yo estaba acostumbrado.

Habitualmente compro esta clase de filetes en una carnicería que tiene ganadería propia en la provincia de Segovia; es buena carne pero demasiadas veces despide extraños líquidos en la sartén con más o menos espuma. Pese a que las autoridades sanitarias insisten en que ya no se comercializa carne de vacuno con hormonas en España yo no me lo creo. Y cuando la ternera echa demasiado agua al freirla se lo digo al carnicero.

Los alemanes siempre nos han vendido sus máquinas, sus coches y últimamente sus créditos bancarios, pero que nos coloquen su ternera, con la de prados que hay en el norte y centro de España, ya es el colmo

El etiquetado señala que la carne procede de una res criada y sacrificada en Alemania (Foto: A. Lucio)
El etiquetado señala que la carne procede de una res criada y sacrificada en Alemania (Foto: A. Lucio)

Hace unos meses abrieron un centro comercial en mi ciudad y las veces que compré carne allí no parecía tener hormonas. Era muy dura, eso sí, pero tenía muy buen sabor. Esta semana volví a coger una bandeja pensando que tendría que afilar los colmillos para masticarla, pero me encontré con toda una sorpresa porque, además de sabrosa, era tierna. Y sin rastro de fluidos extraños.

Al terminar de comer fui al frigorífico para leer la etiqueta de la bandeja donde venía envasada y descubrí que procedía de Alemania. Era carne de mucha mayor calidad que la de producción española y a menor precio.

Normativas nacionales aparte, si los ganaderos españoles no consiguen ofrecer los mismos niveles de calidad y seguridad alimentaria que los germanos estamos condenados a depender de Alemania también en el sector cárnico bovino. Los alemanes siempre nos han vendido sus máquinas, sus coches y últimamente sus créditos bancarios, pero que nos coloquen su ternera, con la de prados que hay en el norte y centro de España, ya es el colmo. Y culpa de una política ganadera que sólo persigue el negocio fácil y no tiene en cuenta en absoluto el interés del consumidor.

Fotos: Autor

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