Del revisionismo del franquismo en la era de internet

Primeros resultados de la búsqueda en Google de “Francisco Franco” (Imagen: A. Lucio)

Hace casi 74 años que finalizó la Guerra Civil española; para los jóvenes personajes como Francisco Franco, Manuel Azaña o Dolores Ibárruri La Pasionaria no son más que lejanos fantasmas del pasado que no les interesan para nada. La democracia, con todos sus defectos, va a cumplir 35 años en la vieja nación de naciones que es España y puede considerarse que la sociedad ha hecho tabla rasa del pasado fraticida reciente, a pesar de los intentos del hoy ex juez Baltasar Garzón por reparar a los represaliados del franquismo, que el Tribunal Supremo frenó invocando la Ley de Amnistía de 1977.

De modo que podríamos decir “los muertos con los muertos y los vivos a mirar hacia el futuro en paz y libertad”. Totalmente de acuerdo ¿no? Pues para los sucesivos gobiernos del Partido Popular no. No fue suficiente que el franquismo ya homenajeara en plazas e iglesias a tantos caídos por Dios y por España; ni que aún pervivan normas y estructuras de la dictadura, como por ejemplo el secreto administrativo existente sobre los consejos de guerra y sentencias militares después de más de 70 años, sino que había que hacer más y por eso José María Aznar encomendó en 1998 la creación del Diccionario Biográfico Español a la Real Academia de la Historia, siendo ministro de Educación y Cultura Mariano Rajoy, actual presidente del Gobierno.

El Diccionario Biográfico Español consta de 50 volúmenes de 850 páginas cada uno y se vende al precio de 3.500 euros

En 1999, la entonces ministra de Cultura, Esperanza Aguirre, aprobó una subvención de 600.000 euros anuales durante ocho años para el mencionado Diccionario Biográfico y en 2011, con José Luis Rodríguez Zapatero en el Ejecutivo, el Congreso decidió, con los votos en contra del PP, congelar la subvención (que ya acumulaba más de 6,5 millones de euros recibidos) e interrumpir la difusión de la obra hasta que no se rectificasen los errores detectados.

Aznar junto a Álvarez Cascos y Rajoy tras ganar las elecciones generales de 1996 (Foto: Luis Magán/El País)
Aznar junto a Álvarez Cascos y Rajoy tras ganar las elecciones generales de 1996 (Foto: Luis Magán/El País)

Los errores son de grueso calibre, como negar el carácter sangriento de la represión franquista, no presentar a Franco en ningún momento como dictador o afirmar que “montó un régimen autoritario, pero no totalitario”. El diccionario es un intento de reescribir la historia desde el lado de los vencedores de la Guerra Civil y de dar brillo y esplendor a la ejecutoria política de Aznar y demás políticos de derecha.

Con el regreso del PP al poder en 2011, el diccionario ha vuelto a recibir subvención en 2012 (163.790 euros) y 2013 (100.000 euros), pese a no haber corregido todavía ni una coma. En Julio de 2012, el ministro de Cultura, José Ignacio Wert, remitió a la Cámara un informe donde se anunciaba que se realizarían redacciones complementarias en diez entradas, se revisarían parcialmente otras seis y se matizarían una treintena más correspondientes a militares, políticos y religiosos. Un total de 46 entradas que no han dicho a quién o qué se refieren y que a día de hoy se desconoce si han sido actualizadas o no.

En definitiva, lejos de pasar página y fomentar la transparencia, dejando a los historiadores y a los ciudadanos acceder a documentos oficiales relativos a sus familiares y antepasados, los gobiernos populares se han embarcado en una cruzada de legitimación ideológica e histórica del franquismo que ya ha costado a los contribuyentes casi siete millones de euros.

El Diccionario Biográfico Español consta de 50 volúmenes de 850 páginas cada uno y se vende al precio de 3.500 euros más costes de envío (a partir de 100 euros). Desde el punto de vista académico, el diccionario es muy flojo por la ausencia en la lista de autores de importantes historiadores del siglo XX español como Paul Preston, Josep Fontana, Julián Casanova o Ángel Viñas.

Aznar se embarcó en una cruzada de legitimación ideológica e histórica del franquismo que ya ha costado a los contribuyentes casi siete millones de euros

Y lo que es más importante, en la era de internet ya casi nadie lee enciclopedias y diccionarios impresos. Esto es un alivio para quienes rechazamos el sesgo ideológico de toda la obra, ya que su influencia será muy escasa o nula; pero pensar que ha costado al erario público casi siete millones de euros, en una época de recortes sociales salvajes, es inadmisible.

Hoy en día, cuando ha dejado de imprimirse hasta la Enciclopedia Británica para continuar estando accesible en formato digital, cualquier interesado en la figura histórica de Franco, por ejemplo, lo primero que hace es buscarlo en Google, Wikipediabritannica.com o larousse.fr. Y si se trata de un experto ya tendrá su propia opinión del Diccionario Biográfico Español.

Además, la red ofrece a todo el mundo infinidad de documentos, imágenes y vídeos sobre cualquier tema; frente al poder de los medios sociales un diccionario en papel de 50 volúmenes está condenado a pudrirse en el sótano de la Academia de la Historia o las estanterías de alguna biblioteca institucional. El afán adoctrinador y revisionista de Aznar, Aguirre y Wert, entre otros, ha quedado convertido en un despilfarro de lo público más por acción de la tecnología.

No quiero terminar esta entrada sin rendir homenaje a las cerca de 150.000 personas que las asociaciones de Memoria Histórica y el ex juez Garzón han identificado como víctimas republicanas del franquismo (las nacionales ya fueron honradas nada más finalizar la contienda), muchas de las cuales aún siguen enterradas en cunetas de carretera o extramuros de camposantos. Para ello rescato un tema de la banda inglesa The Clash, ‘Spanish Bombs’ (Bombas de España) del álbum London Calling (1979), una canción que dedicaron a los “luchadores por la libertad” del Frente Popular.

Letra: Mick Jones y Joe Strummer.

Spanish songs in Andalucia,
the shooting sites in the days of 39.
Oh, please leave, the VENTANA open.
Federico Lorca is dead and gone:
bullet holes in the cemetery walls,
the black cars of the Guardia Civil.
Spanish bombs on the Costa Rica –
Im flying on in a DC-10 tonight.

Spanish bombs; yo te quiero infinito.
Yo te quiero, oh mi corazón.
Spanish bombs; yo te quiero infinito.
Yo te quiero, oh mi corazón.

Spanish weeks in my disco casino;
the freedom fighters died upon the hill.
They sang the red flag,
they wore the black one –
but after they died, it was Mockingbird Hill.
Back home, the buses went up in flashes,
the Irish tomb was drenched in blood.
Spanish bombs shatter the hotels.
My señoritas rose was nipped in the bud.

Spanish bombs; yo te quiero infinito.
Yo te quiero, oh mi corazón.
Spanish bombs; yo te quiero infinito.
Yo te quiero, oh mi corazón.

The hillsides ring with free the people –
or can I hear the echo from the days of 39
with trenches full of poets,
the ragged army, fixing bayonets to fight the other line?
Spanish bombs rock the province;
Im hearing music from another time.
Spanish bombs on the Costa Brava;
Im flying in on a DC-10 tonight.

Spanish bombs; yo te quiero infinito.
Yo te quiero, oh mi corazón.
Spanish bombs; yo te quiero infinito.
Yo te quiero, oh mi corazón,
oh mi corazón,
oh mi corazón.

Spanish songs in Andalucia:
mandolina, oh mi corazón.
Spanish songs in Granada, oh mi corazón,
oh mi corazón,
oh mi corazón,
oh mi corazón.

Imagen: Autor
Foto: Luis Magán/El País
Vídeo: Compagno Trikonov
Letra: Jimmijamma17

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