No somos mercancía en manos de políticos y banqueros

La filtración de la contabilidad secreta del PP ha dejado a los españoles sin esperanza en la clase política (Imagen: Periodista Digital)
La filtración de la contabilidad secreta del PP ha dejado a los españoles sin esperanza en la clase política (Imagen: Periodista Digital)

Hoy se cumplen dos años del surgimiento del movimiento de los indignados españoles, el llamado #15M, frente a una clase política fuertemente marcada por la corrupción y claramente al servicio de los grandes grupos económicos y financieros cuyo rescate estamos pagando todos los ciudadanos con aumentos de impuestos, recortes de servicios sociales, despidos en el sector público y paralización económica (austeridad). Todo ello para salvar las cuentas de resultados de la banca europea y los fondos de capital riesgo internacionales que invirtieron temerariamente en España en los años de la fiebre inmobiliaria y cayeron con todo el equipo cuando explotó la burbuja y se descubrieron las mentiras en las que se sustentaba la salud del sistema bancario español.

Los indignados tienen razón cuando piden otra Ley Hipotecaria y otra Ley Electoral que sea más representativa y que permita un control real de los electores sobre los elegidos, desde quién entra en la lista de un partido hasta cómo rinde cuentas de su cometido. También están en su derecho de reclamar transparencia en la gestión de la Administración y libre acceso a los datos públicos de contratación, sueldos y demás uso que los políticos hacen de nuestros impuestos.

El movimiento #15M no se resigna a que todos los avances sociales que se conquistaron con el Estado del bienestar estén siendo liquidados por un sistema político que es ciego y sordo a sus demandas

Los indignados no son antisistema, como muchas veces les tachan los políticos, sino que quieren que el sistema funcione y que se cumpla el espíritu y la letra de la Constitución y los grandes tratados europeos: democracia, justicia, igualdad de oportunidades, derechos civiles, no discriminación para acceder a los servicios públicos, libertad de mercado (competencia, no oligopolios), protección a los consumidores, mujeres, inmigrantes y minorías.

El #15M cree en todo eso y sueña con que se cumpla, no se resigna a que todos esos valores de progreso, todos los avances sociales que se conquistaron con el Estado del bienestar, estén secuestrados y siendo liquidados por un sistema político, como el español, que es ciego y sordo a sus demandas y que parece que sólo hace caso a las fuerzas exteriores de los mercados financieros, la Troika o Alemania.

No queremos ser esclavos de nadie, queremos poder decidir nuestro futuro, queremos vivir en paz. Estas dignas aspiraciones son nuestras armas y con ellas venceremos a todo lo que se nos ponga por delante, tal y como ha ocurrido a lo largo de la historia de la humanidad.

Imagen: Periodista Digital

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